Aun así me lo he pasado genial, éramos ocho personas, pero estábamos tan unidos que casi parecíamos una.
Es difícil aquí en Madrid tener un minuto para pararte a pensar, mirando continuamente el reloj y pendiente del tiempo porque la verdad es que siempre tenemos algo que hacer, sin embargo allí en la naturaleza, el tiempo no era importante, es más, no nos preocupaba lo más mínimo, todavía recuerdo cómo todos juntos nos sentamos a contemplar la puesta de sol, algo tan hermoso que nunca me paro a contemplar en la ciudad, el sonido del viento, de los pájaros... No sé describirlo bien, tienes que sentirlo no lo puedes ver, es como el viento, no lo ves pero sabes que está ahí porque lo sientes. Las bromas formaban parte del día, no hubo momento en el que no tuviera una sonrisa. Y me alegro. Por la mañana estuvimos andando, montamos las tiendas al lado del pantano y continuamos andando. Normalmente no me gustan las caminatas, pero nuestro ritmo era sencillo, simple, lo importante no era andar, sino disfrutar del camino, observar lo que nos rodea. Y me gustó. Las actividades me hacían sentir especial, yo, y sobraban miradas de complicidad. Me alegro de que existan personas como ellos, que saben apreciar realmente lo importante y que se preocupen por mí. :)
No hay comentarios:
Publicar un comentario